¿Casarse por amor?

¿Casarse por amor? o ¿Casarse para amar?

El uso de las preposiciones en la lengua española es uno de los grandes retos que afronta cualquier escritor, en especial los que son de algún territorio bilingüe, como es mi caso. En muchas ocasiones no es la influencia del segundo idioma la que distorsiona el uso correcto, sino la frecuencia de ciertas composiciones gramaticales que van arraigando hasta integrarse en el modo de hablar propio de un grupo o de un tiempo.

Recuerdo que, en mis primeros años de dedicación al Family Enrichment, cuando moderaba casos del curso Primeros Pasos, para padres con hijos de 0 a 3 años, era muy frecuente oír la expresión “disfrutar de mis hijos”. Esta inocente frase me daba pie para introducir un interesante debate: ¿es lo mismo disfrutar “de” tus hijos que “con” tus hijos? ¿Qué es mejor? Porque también se puede disfrutar “contra” o “a pesar” de tus hijos. Al final, una anécdota gramatical permitía ahondar un poco en la dignidad del hijo como ser autónomo y no como una pertenencia de sus padres.

Algo parecido sucede con la expresión “casarse por amor”, que tiene una fuerza innata que parece expulsar cualquier otra motivación para el matrimonio. La pregunta “¿tú por qué te casas?” remite de manera espontánea a la respuesta “porque le/la quiero”. Y, sin embargo, siendo muy loable, es una razón insuficiente para casarse. Read More

3 formas de reaccionar ante los errores que cometen tus hijos

Cuando a los niños les preocupa cometer demasiados errores o fallar en algo, las consecuencias emocionales pueden ser difíciles de manejar. Según el profesor de la Universidad de Berkeley, Martin Covington, el miedo al fracaso está directamente relacionado con la autoestima o la creencia de que eres valioso como persona.

En un estudio de cuarto a sexto grado de primaria, los investigadores analizaron las respuestas emocionales de los estudiantes cuando cometieron errores e identificaron tres estilos distintos:

a. Retirarse y culpar a alguien más.

b. Seguir adelante y mirar más allá del error.

c. Presentar algo de culpa, resolver la situación y tener más cuidado en lo que hacen. Estos generalmente se culpan menos, participaban más activamente en la resolución de problemas con sus compañeros y se ganaban más respeto por parte de los docentes.

Aquí radica el mayor desafío: ¿cómo podemos ayudar a los niños a aceptar sus errores y fallas, especialmente en la escuela, para que puedan traducir esta habilidad al mundo real?

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La netiqueta: buenos modales digitales

En el ciberespacio, la buena educación tiene un nombre: netiqueta. Netiquette (de net y etiquette), castellanizado como Netiqueta,​ se utiliza para referirse al conjunto de normas de comportamiento en Internet. La netiqueta es una adaptación de las reglas de etiqueta del mundo real al virtual.

Este concepto surgió en Estados Unidos en 1995 y se ha ido extendiendo con la aparición de guías y manuales para usuarios, como ‘The core rules of netiquette’ de Virginia Shea.

Estas son las 10 reglas básicas de la netiqueta y los buenos modales en Internet, adaptadas por Empantallados:

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