¡El mundo está loco, loco!

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El mundo está loco, loco, loco, nombre de una película de 1963 parece ser una frase atinada para describir la realidad actual.

¿Es cierto que cada vez estamos más locos? ¿Es esa la explicación para que haya un aumento de conflictos en las relaciones interpersonales? Y el aumento de conflictos es en situaciones triviales y cotidianas como las que se presentan al ir en el tráfico, esperar un turno, ordenar en el restaurante. Aparentemente todos estamos más estresados y reaccionamos más intensamente ante estímulos que hasta no hace mucho hubieran sido irrelevantes.

Pues de acuerdo a Giles Lipovetsky, filosofo francés, sí estamos “más locos”. Lipovetsky publicó en 1983 “La era del vació”, libro en el cual vaticinaba la sociedad en la que nos convertiríamos al paso de los años debido a múltiples factores, entre otros la tecnología, la globalización, la variedad de productos de consumo, la sobrevaloración de la individualidad.

La sociedad visualizada por Lipovesky es una sociedad en la que se privilegia la personalización del bien y el mal, de lo verdadero y lo falso, de lo justo y de lo injusto siendo entonces que el criterio para definir lo adecuado es totalmente personal y lleva al rechazo y nulificación de cualquier norma establecida por canales, ya sea formales o informales, externos al individuo.

¿Tenemos remedio? La buena noticia, según Lipovesky es que sí. Sugiere el filósofo tres acciones:

  • Estar alertas a la seducción sensorial para evitar caer en la banalización de lo intelectual.
  • Estar alertas a la indiferencia para evitar perder el sentido de la vida.
  • Estar alertas al narcisimo para evitar caer en el egoísmo.

Evitando las tres tendencias mencionadas recobraremos la perspectiva de que aunque cada uno somos únicos e irrepetibles, no somos el centro del universo; de que el aquí y el ahora es importante en la medida que contribuya al logro paulatino de un proyecto de vida plena a futuro; de que en la medida en la que seamos fértiles, contribuyendo a que el mundo sea mejor, seremos felices.

Padres y profesores que tenemos la importantísima obligación de formar personas, debemos procurar que todos seamos cada vez más conscientes y responsables para que todo lo que pensemos, digamos, hagamos, nos lleve a ser mejores personas y no nos quedemos en el “yo, mi, me, conmigo”.

Si te parecen interesantes estas consideraciones te recomiendo el libro de Lipovesky mencionado arriba.  Un primer acercamiento lo puedes encontrar en Revista Esfinge.

Por Carmen Ceñal – Sub Directora de Discovery School.

 

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